Casi siempre dibujo señores con bigotes. Estos señores de bigotes son parte de mi. Como mis pajaritos.
Uno de los primeros fue Bartolomé, el titiritero. Pero luego vinieron más... ¡muchos más! Este es muy querido,
así que decidí armarle este espacio, para contar lo que hace. Su nombre es Oliverio.

13 de diciembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 7ma. entrega

Aprendí, también,
a entender el tiempo,
sus normas,
sus ciclos.
El tiempo para hacer,
el tiempo para esperar.



6 de diciembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 6ta. entrega

Vivir aquí es diferente.
Las tareas cotidianas,
no son las de antes.
No fue fácil acostumbrarme,
pero, día a día, fui aprendiendo.


 

29 de noviembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 5ta. entrega

Los días siguientes recorrí el lugar,
caminé sus senderos,
descubrí sus recodos,
descansé en su sombra.
Y conocí seres encantadores
con los que me siento, por las tardes,
a hilar palabras.




15 de noviembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 4ta. entrega

Encontré una casa,
pequeña y deshabitada.
La limpié, la ordené
y la convertí en mi refugio.
Esa primera noche dormí profundamente.
Estaba cansado
y los grillos cantaban sus nanas.



8 de noviembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 3era. entrega

Me enamoré de él.
De sus sonidos.
Del canto de los pájaros,
el andar de los insectos,
el murmullo de las hojas.
De sus olores.
De la tierra,
y el aroma de las flores que llenaban el lugar.



1 de noviembre de 2013

El viaje de Oliverio │ 2da. entrega

Aproveché el viento cálido de una tarde de diciembre.
Aunque sentía temor,
viajé.
Y cuando el viaje parecía demasiado largo,
llegué a este rincón del mundo.



25 de octubre de 2013

El viaje de Oliverio │ 1era. entrega

La ciudad se hizo ajena.
Se llenó de ruidos,
de apuro,
de vértigo.
El silencio se marchó.
Y, antes de hundirme en la agobiante marea,
también me fui yo.


24 de octubre de 2013

El viaje de Oliverio

A partir de mañana: El viaje de Oliverio, un breve cuento en entregas. 
Cada semana, un fragmento de esta historia.

Mi agradecimiento 
a Germán Machado y a mi hermana Fernanda que, generosamente, me dieron una mano con la corrección del texto.